quetzatenango

Siete datos curiosos de Quetzaltenango:

El Valle de la Discordia: Situada en un antiguo valle rodeado de volcanes que hace siglos fuera un inmenso lago, la ciudad del quetzal data de casi mil años antes de la llegada de los españoles. Conocida por el pueblo quiché como Xelajú (“Lugar de los diez venados”), fue el escenario de batallas entre este pueblo y sus enemigos más acérrimos: los cachiquel. Ante la invasión de los españoles, los cachiquel se aliaron con estos para destruir de una vez por todas a los quiché. En 1524 una serie de batallas se libraría en el valle y al pie de volcán, donde el ejército quiché sucumbió ante las fuerzas de Pedro de Alvarado y en la que halló la muerte Tecún Umán, reconocido líder indígena del pueblo quiché. El 15 de mayo de ese año Alvarado la refundó como Quetzaltenango (“quetzales abundantes”), nombre dado por sus aliados tlaxcaltecas al ver las grandes bandadas de estas aves en el lugar.

De pueblo a ciudad: Durante todo el periodo hispánico, la corona española mantuvo la localidad con el status de pueblo; y tras la declaración de Independencia de 1821, así como la anexión y separación de México, Guatemala mantuvo esto sin alteraciones. No fue hasta 1825, años en que Juan José Estrada, Laureano Nova y Manuel Montúfar Coronado presentaron la solicitud al gobierno, que Quetzaltenango recibió el título de ciudad. Irónicamente, en esta misma ciudad un grupo de liberales fundaría en 1838 el Estado de los Altos, constituido por distintas regiones del occidente del país, que querían la independencia de Guatemala. Pese a contar con un inicio prometedor y una economía mayor frente al resto de Guatemala, este estado fue reincorporado a la fuerza tras haber sido vencido y castigado por el General Rafael Carrera en 1840.

Siete datos curiosos de Quetzaltenango

Contra la ambición de los tiranos: A finales del siglo XIX, la ciudad experimentó un auge económico sin precedentes, con gran riqueza y que contaba con el lujo de estar alumbrada eléctricamente. Numerosos institutos educacionales y artísticos se hallaban en ella, representando un gran nivel educativa por los ciudadanos. Sin embargo, las malas decisiones del presidente José María Reina Barrios causaron que la planeada Exposición Centroamericana, que buscaba promocionar el gran ferrocarril que unía las costas de ambos océanos (Atlántico y Pacífico) fuera un fracaso, dejando al país en una ruina económica. Para ahorrar dinero, el presidente decidió cerrar un sin número de escuelas públicas; y para colmo, poco después declaró la extensión de su mandato presidencial durante cuatro años más, lo que causó que los quetzaltecos se alzaran en armas. La Revolución de Quetzaltenango fue sofocada y sus principales líderes fusilados, cuyas tumbas en la ciudad reciben el nombre de Panteón de los Mártires.

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El rugido de las montañas de fuego: Cercana a numerosos volcanes y una gran actividad sísmica, la urbe no ha vivido ajena a estos fenómenos, como cuando el Cerro Quemado hizo erupción en 1765, la cual pudo ser vista hasta México. El cielo se cubrió de negro durante tres días la luz del sol y muchos campos quedaron sepultados bajo la ceniza. Sin embargo, el año de 1902 está registrada como uno de los peores en lo que a actividad volcánica se refiere. Tras un gran terremoto, el volcán Santa María entró en erupción luego de siglos inactivo. Los daños a la ciudad y los campos aledaños fueron de tal magnitud que la ciudad tuvo que ser reconstruida casi en su totalidad. Pese a la fatalidad general, los indígenas fueron los más afectados; pues no sólo sufrieron a causa del volcán, sino que muchos terrenos aledaños que tradicionalmente eran de la comunidad indígena, fueron expropiados y dados en compensación a poderosos terratenientes de la época.

Resurgir de las cenizas: Luego de la erupción del Santa María, el estado deplorable de la ciudad dio lugar a una reconstrucción que la convertiría en una de las localidades centroamericanas con más estilos arquitectónicos. Conservando características del pasado maya y del periodo hispánico, la nueva morfología de la ciudad se dio por medio de la construcción de una docena de edificios y lugares neoclásicos, dignos de una polis griega. Con una sobriedad y con columnas esbeltas que soportan una obra monumental en sí, el Palacio Municipal, el pasaje Enríquez, el Parque Centroamérica, el Teatro Municipal y la Catedral destaca como joyas de la arquitectura quetzalteca.

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El bautismo del instrumento nacional: El primer registro conocido sobre la marimba data de mediados del siglo XVI durante un festejo indígena en una hacienda de Chiapas, provincia que en ese momento era parte de la Capitanía General de Guatemala. En 1680, este instrumento fue utilizado para la inauguración de la Catedral de Santiago de los Caballeros de Guatemala, que por años sería la más lujosa de Centroamérica. Un siglo después, el sacerdote José de Padilla amplía el registro del instrumento, además de levantarla del suelo mediante cuatro patas que la sostenían. Sin embargo, no sería hasta 1894 que el quetzalteco Sebastián Hurtado construye en Quetzaltenango la marimba cromática (de doble teclado). El instrumento permitió ejecutar piezas del repertorio pianístico de la época, lo que le dio gran popularidad. Heredada por sus hijos, fue llevada al exterior y dada a conocer en distintos países, siendo la marimba usada en la actualidad. Sebastián Hurtado, hijo de Quetzaltenango, aparece en el billete de 200 del país.

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El Ferrocarril de los Altos: Gracias al continuo crecimiento económico que se experimentó en los primeros años del siglo XX, la idea de construir un ferrocarril (que llevaba años sin terminarse) pudo verse por fin realizada en 1930. La línea iba de Quetzaltenango a San Felipe, y fue el primero ferrocarril eléctrico en el país. Sin embargo, tan sólo tres años después el Temporal de Santa Marta destruyó sus vías, que no pudieron ser reconstruidas de inmediato debido a la Gran Depresión. Pese a que distintos grupos dirigentes locales se ofrecieron a restaurar y mantener el ferrocarril en funcionamiento, el presidente Jorge Ubico lo rechazó en numerosas ocasiones, declarando su clausura. Muchas de sus estaciones aún existen, y sus restos pueden visitarse en el Museo del Ferrocarril de los Altos, en la ciudad de Quetzaltenango, poseedor de una gran colección de objetos y fotografías de la época.

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